**A los mayores y abuelos. En protesta.
A los mayores y abuelos. En protesta.
Ya
tiempos atrás escribí por el abandono de muchos mayores en
residencias que eran alimentados malamente y Chicote lo verificó.
Muchas quejas de familiares a los que nadie les hizo caso.
Las administraciones del Estado se lavaron las manos en todo esto, pues
salió en televisión como denuncia.
Hoy, con este virus traidor,
que por negligencia de sus cuidadores han provocado miles de muertos
en todo el mundo, cada día se cuentan a cientos, y parece ser que el
culpable solo es un virus que, aunque no tiene piernas, sí sabe
desplazarse muy bien.
Qué casualidad, que ha entrado donde más
sensibilidad hay, en estas residencias de muertos. Quizás fueran esos
cementerios.
Donde está el dolor, este se ha estrangulado en
algunas gargantas.
Hoy a las ocho, hurras por los médicos y
enfermeros, aunque en sus manos están los muertos.
¿Dónde está
la humanidad? Le dan paso a los más jóvenes, y aquellos que lo
dieron todo por sus familias, y en bien de la humanidad: ooo, solo
pobre cito, a no importa, ya era muy mayor.
¿Eso es todo lo que
tenemos que decir?
A este bicho le ganaremos, pero a cuántas
vidas se está llevando.
Por culpa de quienes eran sus
guardianes.
Bueno, que hay excepciones, sí, las hay, pero quien esté
libre de culpa que tire la primera piedra.
Hay médicos que han
jugado a ser Dios; este se queda, este se va.
Un
mundo de compasión debería haber detrás de cada muerto, y todo
por negligencia de sus gobernantes.
Solo he visto en este pueblo,
que ahora no recuerdo su nombre, que han protegido a estos ancianos a capa y espada; ellos sí merecen un hurra, ellos sí los han
protegido con todo el amor del mundo; no se les ha ido
ninguno.
Después de esto deberían rodar muchas
cabezas.
Tiemblo si este asesino de virus se hubiera
llevado a cualquier persona, pese a su edad, y si fuera a los niños, ¿qué hubiera pasado? Solo que Dios haga justicia y todo el que
sea culpable que lo pague en esta vida, ya que yo no creo en otra
celestial.
Cuánta soledad habrán vivido estas criaturas nuestras
y cuánto dolor.
Solo es un doloroso sentir. En protesta.
De
Enrique Nieto Rubio.
Perdón por la dureza en la indignación.

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