**Carmina una madre perdida de Enrique.(cuentos)



Imagenes de Mujeres de Fantasia, parte 5

 Carmina, una madre perdida. Es una chica tímida y sin estudios de dieciocho años. Que vivía en un pueblecito cercano a la Costa del Sol.

Esta entrañable chica se marchó de casa para vivir con su amado novio a una cabaña.
Un triste pescador de aquí.
Un día, cuando su amado pescador se marchó a la mar, allá en Marruecos. Se vio el barco envuelto en un maldito vendaval y el barco se estrelló contra los acantilados y murieron todos.



Desde Marruecos, le enviaron su pésame y sus restos.
Carmina perdió la cabeza, pero lo peor es que estaba embarazada y ella no lo sabía.
Pasó un tiempo, y ella no paraba de llorar, pues su vida era de lo más miserable.
 Un día, con un vestido algo roído y desmejorado, pues era el único que tenía, se dirigió a casa de un vecino a pedirles consejo sobre Dios.
El vecino no la entendía y le cerró la puerta; ella, muy desanimada y triste, se volvió a su casa y se echó en su triste cama, llorando sin parar.
Alguien llamó a la puerta y, cuando la chica bajó a abrir, solo encontró una gran cesta con comida y sin ninguna nota.
 Ella miró la cesta y, secándose las lágrimas con la mano, la tomó y se sentó en su salón. Tomó una manzana y comenzó a morderla; así no paró hasta que la cesta quedó vacía, pues tenía bastante hambre.
Cuando acabó, sacó la cesta y la volvió a dejar en la puerta; ya no le era útil. Su pena se calmó un poco.
Al día siguiente, sonó la puerta otra vez, pero cuando abrió la puerta, solo había una gran cesta, llena de frutas y embutidos.
Esta vez la metió con más ganas y se puso a comer.
Así pasaron los días, y cada día una cesta aparecía en su puerta.
Ella era muy descuidada. No tenía experiencia en la vida. Vivía no muy lejos de la casa de su madre. La cual había muerto y ella no se había enterado siquiera.
Su barriga siguió creciendo y creciendo y un día, se puso de la más mala; al abrir la puerta, cayó al suelo y quedó encima de la cesta inconsciente.
Estaba de parto, alguien la cogió en brazos y la llevó a un hospital y dio a luz a un hermoso bebé. Cuando despertó, se encontró con el bebé en sus brazos. Ella lo acariciaba con mucha ternura.
A los pocos días, les dieron el alta y cuando llegaron a su casa, se encontraron toda la casa en perfecto estado. Limpia como la patena y reluciente; hasta cortinas le pusieron. Preciosas en tono amarillo con flores rosas y moradas.
 Ella sonrió un poco, pues todo lo que amaba lo tenía en sus brazos. 
También se encontró una preciosa cuna hecha a mano por alguien.
El bebé fue creciendo, pero era muy raro; el bebé no lloraba, solo dormía, comía y dormía y comía y dormía, así todo el tiempo.
Ella, preocupada, un día tomó al niño y lo quería llevar al hospital a que lo reconocieran.
Días antes, apareció en la cesta unos preciosos vestidos y de su talla; ella era una chica delgadita y, a pesar de todo, era preciosa.
Cuando salía por la puerta con su niño y muy bien vestida, pasó un coche. 


Viejísimo, por la puerta y su conductor, que era un anciano, paró al verla y le dijo:
Hola, vecina, ¿la puedo llevar a algún sitio?
¡Ay! Gracias, pues voy al hospital, a que reconozcan a mi hijo, a ver qué tiene. El hospital está tan lejos que andando me moriría seguro. ¡!-
No se preocupe, yo vivo aquí enfrente de su casa y le ayudaré siempre que lo necesite. ¿Es precioso el niño?
-¡sí!, es muy lindo y lo quiero tanto; ¡su papá se marchó a los cielos y no pudo conocerlo!
¡Lo sé!
Arrancó su viejo coche hasta el hospital. Cuando llegaron, el anciano preguntó a Carmina:
¿Quiere que la acompañe?
¡¡Si no le importa, se lo agradecería; estoy tan asustada que no sé qué hacer.!!
No se preocupe, deme al chico que yo lo subo.
¡¡Gracias, gracias.!!


El anciano tomó al niño y se le caía la baba al mirarlo.
¿Qué bello es?
Entraron en la consulta y el doctor examinó al bebé, pero lo peor fue cuando el doctor le dijo:
Señora, el niño queda ingresado, ¿pues hay que hacerle más pruebas?
¡Es grave, doctor!
Preguntó el abuelo aquel.
¿Usted es?
¡Yo soy su vecino!
Y en voz baja le dijo:
¡Y el abuelo del niño!

anciano asiática de pie contra el fondo blanco Foto de archivo - 7172226
¡Ajá!
Dijo el doctor.
¿Pero no le diga nada a la madre, ella no lo sabe?
¡Bien, bueno!
¿Pues se pueden quedar con el chico en una habitación? 
Sobre las ocho del día siguiente ya las pruebas las tenía; el doctor  los llamó a consulta diciendo:
Señora, el niño tiene una enfermedad rara, es la enfermedad del sueño; siempre estará durmiendo, solo despertará cuando tenga hambre y en estos casos hay un riesgo muy peligroso, que si el niño se ahoga, usted ni se va a enterar, a no ser que esté muy pendiente de él. 
La mamá se echó a llorar y llorar diciendo:
¡Qué mala suerte la mía, todo me pasa a mí!
Este anciano la tomó entre sus brazos y le dijo:
No se preocupe, verá cómo un día todo pasará.
Le dieron el alta, pues no tenía cura, solo esperar. El anciano la ayudó a subir al coche y marcharon para la casa; la ayudó a entrar en su casa y el anciano le dijo:
¿¡Carmina!? Quieres que me quede un ratito más contigo.
Yo vivo solo y es muy triste vivir en soledad.
¡Bueno, como quiera, pero ¿cómo te llamas?!
¿Juan? 
¿Bien, Juan, y vives hace mucho tiempo enfrente?
¡Sí, muchacha, cuarenta años!
¿Y conocías a mi marido?
¡A Francisco, claro que sí, era un chico buenísimo!

Sexy joven en forma de chaleco de entrenamiento con capucha trasfondo de estudio moderno Foto de archivo - 19810238
Pero su consuelo era nada; el anciano desde ese día iba y venía con solo cruzar la calle.
Ella, muy perdida, un día le dijo al abuelo:
¿Abuelo, tú puedes quedarte unos días cuidando al niño?
¡Sí, cómo no, no te preocupes que yo lo cuido, pero niña, ¿a dónde vas!
¿Tengo que averiguar una cosa?
Tomó su pequeño bolso y salió de la casa. Marchó a la ciudad y se dirigió al ayuntamiento. Preguntando por Dios.
La chica del mostrador le dijo:
¿Dios?
¡Sí, sí, Dios!
Señora, Dios no vive aquí, si acaso en la iglesia.
La chica salió algo enojada y se dirigió hacia la iglesia.
Carmina entró en la iglesia y el párroco, al verla entrar y ver que ni se santiguaba ni rezaba, se acercó y le dijo:


¿Desea algo?
¡Sí, vengo a hablar con Dios, y quiero verlo!
Señora, Dios está en todos los corazones; él no se ve.
¿Cómo que no se ve? Quiero hablar con él, vive aquí, ¿no?
¿Sí, pero él no se ve?
¡Entonces cómo puedo hablar con él, si no lo veo!
A ver, hija mía, Dios es todo espíritu y no podemos verlo, pero sí lo sentimos en nuestra alma y en nuestros corazones.
¡Pues yo quiero verlo, porque estoy muy enojada!
Lo siento, hija, ¿no puedo ayudarte más?
Así salió desconsolada de la iglesia. Pues Dios no le habló siquiera.
Llorando por un camino oscuro, ya fuera de la ciudad, alzó su cabeza hacia la luna y Carmina le dijo:

Luna, luna, tú que vives tan alto, ¿has visto a Dios?
¡Dios, quién es Dios!, la luna le contestó.
¿Sí, uno que lo puede todo, me dijeron?
¡Ah, pues no le conozco! A lo mejor, si preguntas a esa estrella, que brilla tanto, pueda ayudarte, ¡pues vive mucho más alto que yo!
¡Aja, bien, heee, heee, Estrellaaaa!
¿Es a mí? ¿Respondió la estrella?
¡¡Sí a ti!!
Yo soy el lucero del alba, ¿qué deseas de mí? 


¡Pues busco a Dios!
Dios, ¿quién es Dios? Cómo es. ¿Qué forma tiene?
 Le contestó el lucero.
¡Ay! ¡No lo sé, me haces preguntas muy difíciles!
¿Es que si no sé cómo es, ¡no podré ayudarte, pues por aquí pasan muchas celebridades y muchas personas buenas? ¿Que abandonaron la tierra?
¡Pues no sé cómo es Dios, nadie lo ha visto nunca!
Pues, amiga, así no podré ayudarte, pero sí conozco a alguien que puede ayudarte.
De pronto el cielo se iluminó y un rostro grandísimo se formó en el cielo. Era su amado esposo y este le dijo:
Hola, mi amor, ¿qué es lo que te aflige?
¡Ay, mi amado esposo, lo que pasa es que estoy muy triste, y sabes que tienes un hijo!
Sí, lo sé, mi amor, claro que lo sé.
Es que quería hablar con Dios, porque nuestro hijo tiene una enfermedad muy mala y estoy enojada con él, por no ayudarme y encima te llevó de mi lado.
Esposa mía, no debes preocuparte más; Dios me necesitaba aquí para pescar. 
¡Pescar!
¿Sí, pues al ser yo pescador, Dios necesitaba de mi ayuda para pescar almas en pecado y hacerlas buenas?
¡Ajá, y yo mientras tanto, qué hago con mi vida! 
Cielo mío, Dios me ha dicho que no te preocupes, que todo se andará.
¡Y yo te digo, en casa no estás sola, ese anciano que tiene tu hijo!
¿Qué ha pasado? ¿Le ha hecho algo al niño?
¡Noooo, es su abuelo, pues es mi padre, el mismo que te ha ayudado todos estos años, a que no te faltara la comida ni a ti ni a nuestro hijo! ¡Así que marcha para casa y Dios me ha prometido que un día nuestro hijo se pondrá bueno!
En ese instante el cielo se oscureció; solo quedó un rayo que guiaba sus pasos hasta su hogar.
Entró en su casa y dijo:
¿Abuelo?
 Abrazándolo y lo más de contenta.
¡Cómo está el niño!
El abuelo, sorprendido, le dijo:
 ¿Está bien?
Y le rodó una lágrima en ese abrazo que le dio ella. 
¿Abuelo, por qué no me lo dijiste que eras el papá de Francisco? Me has ayudado tanto que, si no es por ti, mi vida hubiera acabado.
¡Bueno, pero cómo sabes que yo soy el abuelo del niño!
Sí se te ve en la cara cuando lo miras; además, me lo ha dicho tu hijo, que se me ha aparecido en los cielos.
—¡Aaaah! —dijo el abuelo.
¿Abuelo, quieres quedarte aquí con nosotros? 
¡No, para nada, esto es un cuchitril de mala muerte! Os vendréis a mi casa, que es grandísima. Mi hijo es lo que hubiera deseado y cuidaremos del niño, los dos, ¿qué te parece?
Además, tengo muchos juguetes de su padre, que algún día jugará con ellos.
Cuando el niño cumplió seis años, en compañía de su abuelo, un día despertó y dijo:
¡Abuelo, tengo hambre!
El abuelo, sobresaltado, le dijo:
No te preocupes, te daré una cosa que te va a gustar.
Y le sacó un trozo de queso riquísimo. El niño se tomó su queso y levantó la mano señalando un juguete que había en el rincón. El abuelo le dio el juguete, el niño lo cogió con sus manitas y se echó a dormir.
Cuando Carmina llegó de trabajar, pues limpiaba varias casas del entorno, vio que su hijo tenía un juguete, y el abuelo, al lado de la cama, se quedó un poco dormido.
¿Abuelo, abuelo?
¿Qué, qué!
¿Ese juguete cómo lo tiene el niño, en sus manos cogido?
¡Que como él me lo ha pedido! 
¿Y cómo es eso?
¡Sí, se ha despertado y me ha pedido de comer, le he dado un trozo de queso y me ha pedido ese juguete!
¿Hay que raro? Bueno, pues nada, abuelo, comeré algo y me iré a la cama; estoy agotada. ¿Tú has comido? 
¡Sí, mi niña, he picoteado queso con mi nieto, jajaja!
A la mañana siguiente, Carmina se levantó y fue a ver al niño, y no estaba en su cama; se asustó mucho. ¡Fue a los aposentos del abuelo!
¿Abuelo, abuelo? ¿Gritaba?
¡¿Qué pasa?!
¿El niño, que no está y creí que estaba contigo durmiendo?
¡No, niña, vamos a buscarlo!
¿Sí vamos? 
Salieron los dos del cuarto y allí, en un rincón, estaba el niño jugando con los juguetes. Se pusieron la mar de contentos los dos y lo abrazaron, así acurrucados los tres y, desde entonces, el niño solo dormía a ratos como los demás humanos. 
Jajajaja, y colorín colorado, con cucharas de palo, el desayuno hemos tomado.
Enrique Nieto Rubio. 
Derechos de autor.
P.YA.DOYJ.P.CO.98.

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